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Tema de adelanto del segundo álbum de How To Dress Well.
31 Jueves may 2012
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Tema de adelanto del segundo álbum de How To Dress Well.
30 Miércoles may 2012
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M-Swift.
Sunshine Of Love.
Daruma.
Edición: Junio 2011.
Género: Blacktrónica.
Estilo: Funk-House; Jazz-House; House; Nu-Soul; Nu-Bossa; Broken Beat.
8/10
Shouhei Matsushita, al que es más fácil recordar por su nombre artístico, M-Swift, seguía al pie de la letra los lugares comunes de los artistas japoneses: creador prolífico y coleccionista de una amplia discografía que no siempre traspasaba las fronteras de su país o, en el mejor de los casos, lo hacía con mucho retraso. Afortunadamente, con la comercialización digital de música, era cada vez más sencillo seguir su trayectoria, cosa muy aconsejable para los que disfruten con la blacktrónica y, más precisamente, con el house luminoso más cercano a los sonidos negros, especialmente a la triada jazz/ funk/ soul. La discográfica italiana Irma y la londinense Freestyle Records acercaron su música, al menos en Europa, publicando Morning Light (2007) y Evening Sun (2009) respectivamente. Desde entonces, debió ser alto el porcentaje de oyentes de esos dos trabajos que se preocuparon por hacerse con una copia de este, Sunshine Of Love, pues son ambos muy recomendables.
No es que se escuche aquí una música personal, ni innovadora, pues el conjunto le sonará a ya conocido a todo aquel mínimamente familiarizado con la escena blacktrónica. Recuerda tanto a las incursiones houseras de propuestas de acid jazz (Incognito, The Brand New Heavies) como a las más negroides creaciones de conjuntos de house (Bah Samba, Studio Apartment, Masters At Work). Pero es que todos esos son muy buenos referentes a los que M-Swift se acerca con éxito. Por otra parte, lo mismo ocurre con los precedentes trabajos de este artista, y aún así son interesantes. Además, no todo en Sunshine Of Love es house con toques de funk y jazz. Love Is explora el nu-soul al estilo de Vikter Duplaix o Smooth; Shade está sustentada sobre un patrón rítmico de bossa nova; Flight To North es una incursión en el soul jazz de aires brasileños con unos cuidados arreglos instrumentales al estilo del mejor Azymuth; Summer Glow evoluciona a ritmo de samba; Far Beyond juguetea con los códigos del drum & bass; y Endroll es una breve y sorprendente pieza acústica. De hecho, en la segunda parte, sólo Four Seasons Of Love y Higher Love retoman los beats de house, de modo que el álbum es relativamente variado.
Finalmente, gracias a su creciente prestigio, M-Swift tampoco tuvo aquí problemas para atraer a ilustres colaboradores, apartado en el que destaca la participación de vocalistas como Angela Johnson, Donna Gardier o Pete Simpson. Son la clase de cantantes que redondean un buen tema y que convencen incluso cuando la letra, como es el caso, no es precisamente original. Además, estas elecciones de voces son reveladoras acerca de su amor por la música negra, pues muchos de ellos son habituales en discos de funk, soul, blacktrónica, nu-jazz…
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Este es el tracklist:
1. Beautiful Days con Eliana. 6:25
2. Key Of Love con Hazel Sim. 6:35
3. Feel Inside con Angela Johnson. 7:04
4. Love Is con Donna Gardier. 4:01
5. A Night In Sao Paulo. 6:13
6. Shade con Eliana. 3:59
7. Flight To North. 7:20
8. Summer Glow con Hazel Sim. 5:49
9. Far Beyond. 4:22
10. Four Seasons Of Love con Pete Simpson. 5:12
11. Endroll. 2:40
12. Higher Love con Noma. 5:19
Duración: 1:04:59
Trailer del disco:
Temas interpretados en directo:
Escrito por Santiago Tadeo Cervera.
30 Miércoles may 2012
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Quantic, Alice Russell y The Combo Bárbaro.
Look Around The Corner [Single].
Tru Thoughts. (TRU249)
Edición: 20 Febrero 2012.
Género: Latina.
Estilo: Soul Latino.
8/10
En la escena negra, la unión de Alice Russell y Quantic fue una de las grandes noticias del 2012. Máxime cuando la banda de acompañamiento era la colombiana el Combo Bárbaro, la misma con la que el artista británico había grabado el muy recomendable Tradition In Transition (Tru Thoughts, 2009). Este es el sencillo de adelanto de Look Around The Corner, la obra que reunió en el mismo estudio a uno de los productores más interesantes de la escena blacktrónica desde comienzos del siglo XXI, reconvertido en referente de la nueva música latina, con una de las voces soul más destacadas del mismo periodo. El corte homónimo es un atractivo cruce entre soul y sonidos latinos, con Minnie Riperton o Rotary Connection como más que probables inspiraciones. Eso sí, yo no puedo evitar que me recuerde a Les Fleur tal y como la reinterpretó 4 Hero. Este prometedor single incluye también la versión instrumental. Se echa de menos la gran voz de Alice Russell, pero permite apreciar mejor los arreglos de un Quantic que seguía creciendo como músico.
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Este es el tracklist:
1. Look Around The Corner (original mix). 4:28
2. Look Around The Corner (instrumental). 4:26
Duración: 8:54
Píldoras:
Escrito por Santiago Tadeo Cervera.
29 Martes may 2012
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Estas son algunas de las imágenes que más me han llamado la atención en Pinterest.
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29 Martes may 2012
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Bonobo.
Black Sands Remixed.
Ninja Tune. (ZENCD178)
Edición: 13 Febrero 2012.
Género: Electrónica.
Estilos: Downtempo; Electrónica Ambiental; Electrónica Experimental; Club/Dance; Trip-Hop; Breakbeat; 2-Step; Dubstep; IDM.
8,5/10
Esencialmente, existen dos tipos de proyectos de remezclas asociados a álbumes de estudio. Los primeros, habitualmente de índole comercial, suelen limitarse a proponer reinterpretaciones para las pistas de temas no necesariamente orientados a los clubs. Es una forma de poder acceder al lucrativo mercado de los pinchadiscos, independientemente de los resultados artísticos, que sí pueden ser interesantes en algunos casos. Los segundos son aquellos con una finalidad predominantemente artística. Lo que se persigue es ofrecer un complemento del disco en cuestión, un nuevo enfoque sónico, se logre o no prolongar su vida comercial y sin preocuparse por acceder a otros mercados. Black Sands Remixed pertenece a la segunda categoría, de modo que nadie debería buscar aquí versiones para los clubs de la música de Bonobo, uno de los más interesantes creadores del lado ambiental de la electrónica. Habrá pinchadiscos que incluyan en sus sesiones uno o varios de los temas que aquí figuran, pero no es ese su propósito.
Sí es esta, en cambio, una estimulante y muy recomendable referencia para todo amante de la electrónica creativa, apreciase o no el punto de partida, Black Sands (Ninja Tune, 2010). Esa es, de hecho, una de las ventajas de este tipo de proyectos de remezclas: no es necesario conocer los originales para disfrutarlos. Haber escuchado el álbum de estudio de Bonobo sí ofrece un aliciente más, pues permite comparar y observar así el atrevimiento de algunos remezcladores, pero no es imprescindible para pasar un buen rato. Por otra parte, fue un acierto de Simon Green, o de los responsables de Ninja Tune, proponer un reparto de artistas notablemente heterogéneo. Todos se dedican a la electrónica, sí, pero sus afinidades estilísticas cubren múltiples vertientes del género.
Lapalux y Duke Dumont abren y concluyen Black Sands Remixed con magnética electrónica ambiental que recuerda a Red Snapper y Vangelis respectivamente. No obstante, entre uno y otro, escuchamos enfoques muy diversos: del pseudo electro de Cosmin TRG al IDM a ritmo de jungle de Machine Drum. Y por supuesto, como no podía ser de otra forma tratándose de una edición inglesa, figura una generosa representación de esa escena que podía denominarse alternativamente “Uk garage”, “2-step” o “dubstep” (esto es, electrónica de club experimental), gracias a las contribuciones de artistas como ARP 101 o Floating Points. Además, Dels añade sus raps a Eyesdown, y Bonobo incluye dos originales más, Ghost Ship y Brace Brace, ambos con su sello de identidad: downtempo de estética orgánica.
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Este es el tracklist:
1. Prelude (Lapalux’s Finger On The Tape Remix). 4:17
2. The Keeper (Banks Remix). 5:44
3. Kiara (Cosmin TRG Remix). 5:05
4. Eyesdown (Floating Points Remix). 6:03
5. Eyesdown (ARP 101 Remix). 3:51
6. Eyesdown con Andreya Triana & Dels. 5:29
7. All In Forms (Falty DL Remix). 7:34
8. Ghost Ship. 4:01
9. Stay The Same (Mark Pritchard Remix). 5:10
10. Eyesdown (Machine Drum Remix). 3:35
11. All In Forms (Mike Slott Remix). 5:26
12. Stay The Same (Blue Daisy ‘Not Quite The Same’ Remix). 5:20
13. Brace Brace. 7:03
14. Black Sands (Duke Dumont’s ‘Grains Of Sand’ Reconstruction Edit). 7:23
Duración: 1:16:01
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Escrito por Santiago Tadeo Cervera.
28 Lunes may 2012
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Sam Irl.
Slower Bavarian.
Jazz & Milk Records.
Edición: 21 Mayo 2012.
Género: Blacktrónica.
Estilos: Deep-House; Nu-Latin; Nu-Afro; Downtempo.
7/10
Sam Irl contaba con un EP en Pulver Records, la añorada discográfica de Dublex Inc., y con Slower Bavarian el vienés sumó su nombre al catálogo de otro pequeño pero encantador sello independiente, Jazz & Milk Records. Comienza con el deep-house de Safety Hertz, quizá para mostrar desde el inicio su nada acomodaticia concepción de la electrónica de club. Pero es deep-house de influencia jazzística y en el que el autor se preocupa más por su interés artístico que por sus posibilidades de sonar en las pistas ―conceptos que, por otra parte, no tiene por qué estar reñidos―. Recuerda a las incursiones houseras de Atjazz o Llorca. Batuque, colaboración con el director de la discográfica, Dusty, es un atractivo cruce entre broken beat y música brasileña, al estilo de Zero dB o Jazzanova. No me extraña que, como asegura la nota de prensa, Mr. Scruff fuese uno de los primeros admiradores del tema. La tercera creación de Sam Irl para el EP es Oh Mother, una suerte de revisión electrónica del afro-jazz de Mulatu Astatke. La referencia concluye con la curiosa remezcla de Cid Rim, que transforma Safety Hertz en downtempo de estética cósmica.
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Este es el tracklist:
1. Safety Hertz. 4:38
2. Batuque con Dusty. 5:02
3. Oh Mother con Smizuler y The Helmets. 4:32
4. Safety Hertz (Cid Rim remix). 4:30
Duración: 18:42
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Actuación de Sam Irl:
Escrito por Santiago Tadeo Cervera.
27 Domingo may 2012
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Norah Jones.
Little Broken Hearts.
Blue Note.
Edición: Mayo 2012.
Género: Pop/Rock.
Estilo: Pop/Rock Alternativo.
8,5/10
Diez años después de convertirse en una estrella con su exitoso debut, Come Away With Me, un fenómeno jazzístico con el que Blue Note pulverizó sus cifras de ventas, Norah Jones presentó su quinto álbum de estudio. Fue una estupenda oportunidad para apreciar la considerable evolución de la estadounidense, que había dejado atrás, parecía que definitivamente, sus comienzos como inofensiva cantante de jazz-pop. Su precedente trabajo, The Fall (Blue Note, 2009), supuso el inicio de su segunda etapa, marcada por una nueva orientación pop-rock, mientras …Featuring (Blue Note, 2010), recopilatorio de sus muchas y muy varias colaboraciones, recordó que llevaba tiempo siendo bastante más que una voz de la esfera jazz. Pero el más claro precedente de Little Broken Hearts no figura en su discografía. Se trata de Rome (Capitol Records, 2011), colaboración de Danger Mouse y Daniele Luppi en el que esta extraña pareja recurrió a dos cantantes: Norah Jones y Jack White. Fue entonces cuando melómanos despiertos advirtieron que la dulce voz de nuestra anfitriona funcionaba muy bien sobre los arreglos del que empezaba a ser uno de los productores más cotizados y personales de la esfera popular contemporánea, Danger Mouse.
Los dos volvieron a reunirse en un estudio para crear y grabar Little Broken Hearts. Ella trató de superar una reciente ruptura componiendo y escribiendo unas letras que, a menudo, son sorprendentemente explícitas. Él las vistió con una colección de imaginativos, preciosistas y cuidadísimos arreglos que en ningún momento se acercan siquiera al lugar común. De ese choque de personalidades surgen los mejores momentos del álbum, pero también sus limitaciones. Danger Mouse volvió a ser ese productor capaz de dotar de profundidad y fascinación sonora a piezas de pop sin aparente trascendencia. Aquí tenemos dos buenos ejemplos: Say Goodbye y Happy Pills. Nada que no hubiese hecho ya, por ejemplo, como parte del dúo Broken Bells. Él es también quien dota de melancolía a piezas que, de otra manera, se hubieran quedado en el lado luminoso del pop: casi inevitable en vista del timbre de voz de Norah Jones. Y sin embargo, cuando la cantante sí se atreve con lamentos sentimentales (She’s 22), o con ataques de ira (Miriam), se echa de menos algo de contención, un envoltorio menos decorativo, aún siendo ciertamente hermoso.
Estimulante dúo el de Danger Mouse y Norah Jones, que consiguen insuflar originalidad a un tema tan manido como el de la ruptura amorosa. Por otra parte, ese continuo diálogo entre el dolor, la rabia, la liberación, la melancolía, la desolación y la ilusión favorece la identificación de todos aquellos que sepan qué se siente cuando la persona a la que quieres te deja, sea o no por otra.
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Créditos:
Norah Jones: voz, composición, bajo, Fender Rhodes, guitarras, órgano, piano, Wurlitzer.
Brian Burton: composición, bajo, batería, guitarras, órgano, percusión, piano, programación, sintetizadores, arreglos de cuerda.
Danger Mouse: producción.
Dan Elkan: guitarra.
Jonathan Hischke: bajo.
Heather McIntosh: bajo, violonchelo, arreglos de violonchelo.
Blake Mills: guitarras.
Todd Monfalcone: ingeniero, guitarra.
Gus Seyffert: bajo, guitarra, coros.
Joey Waronker: batería, percusión.
Sonus Quartet: cuerdas.
Este es el tracklist:
1. Good Morning. 3:17
2. Say Goodbye. 3:27
3. Little Broken Hearts. 3:12
4. She’s 22. 3:10
5. Take It Back. 4:06
6. After the Fall. 3:42
7. 4 Broken Hearts. 2:59
8. Travelin’ On. 3:06
9. Out on the Road. 3:28
10. Happy Pills. 3:34
11. Miriam. 4:25
12. All a Dream. 6:29
Duración: 45:06
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La inspiración del cartel:
Film Mudhoney (1965), de Russ Meyer.
Escrito por Santiago Tadeo Cervera.
26 Sábado may 2012
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Gizelle Smith.
Jonny.
Mocambo. (45-1032)
Edición: Mayo 2012.
Género: R&B.
Estilo: Funk.
Aunque firmase las referencias en solitario, con su nombre como único protagonista de las carátulas ―o de las galletas de los vinilos―, Gizelle Smith seguía siendo una vocalista asociada a la banda The Mighty Mocambos. Y bien está que así fuese, pues cantante y grupo formaban una estimulante asociación que llevaba desde el 2009 grabando excelentes temas de funk-soul. Es más, juntos crearon uno de los álbumes más destacados en materia de deep-funk, el apropiadamente titulado This Is Gizelle Smith & The Mighty Mocambos (Légère Recordings, 2009). Pues bien, tras dos años de gira común, Gizelle Smith y The Mighty Mocambos volvieron al estudio para grabar un segundo disco conjunto, del que Jonny fue el primer adelanto. Un cruce entre funk y soul, pero con un toque rítmico funky para asegurar su eficacia en las pistas. Eso sí, incluso los pinchadiscos se fijarán especialmente en la melodía creada por la vocalista y, por supuesto, en su personal forma de cantarla. Desde luego, como anticipo fue muy prometedor este siete pulgadas. Un vinilo que, por cierto, incluye la versión vocal en la cara A, y la instrumental en la B. La primera es mucho más llamativa, evidentemente, pero es que la instrumental también funciona muy bien, prueba de que se trata de un inspirado tema.
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Este es el tracklist:
A. Jonny – Part 1. 3:39
B. Jonny – Part 2. 3:33
Duración: 7:12
Píldoras:
Escrito por Santiago Tadeo Cervera.
25 Viernes may 2012
Publicado en Visto en la red
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24 Jueves may 2012
Publicado en Conciertos
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Cuando supe que podría escuchar a la Orquesta Filarmónica de Berlín interpretar Die Walküre (Las Valquirias) en su propio auditorio, pensé que no debía desaprovechar la oportunidad para escribir una crítica del concierto. Menos mal que no tardé demasiado en darme cuenta de lo ingenuo que estaba siendo. No soy un especialista en Richard Wagner, ni mucho menos en ópera, de modo que mi comentario no aportaría nada y hubiera acabado convertido en una colección de obviedades. No puedo afirmar nada más valioso que lo siguiente: si tenéis la oportunidad, no perdáis la ocasión de escuchar un concierto como el que yo presencié el 23 de Mayo del 2012. Imagino que asistir a la representación operística será aún más memorable, pero la versión para concierto también es impresionante.
En lugar de una crítica, ofrezco lo único que soy capaz de ofrecer en el momento en el que escribo esto: una sucesión de impresiones más o menos personales acerca de mi experiencia.
20 impresiones:
Nada más ver el escenario, con el yunque y el martillo y las seis preciosas harpas doradas, uno ya se prepara para la que sabe que va a ser una música trascendente.
Será debilidad mitómana (cosa muy apropiada tratándose de Wagner), pero ver aparecer a Simon Rattle en el escenario me produjo un cierto cosquilleo en el estómago. Hasta entonces sólo le había visto en DVDs y vídeos varios.
Los dos primeros minutos del primer acto los pasé con la piel de gallina. Después empecé a escuchar.
Al escuchar a la Berliner Philharmoniker comprendí por qué está ampliamente considerada como una de las mejores de Europa, sino la mejor. Incluso entendí por qué un crítico musical mucho más autorizado y sabio que yo afirmó que uno no sabe qué es una orquesta hasta que escucha a la Orquesta Filarmónica de Berlín.
No dispongo de suficientes experiencias que comparar como para que mi afirmación tenga verdadero valor, pero la acústica del auditorio me pareció uno de los mayores alicientes.
Sí, lo confieso, Las Valquirias es mi parte favorita de las que componen la tetralogía Der Ring des Nibelungen (El anillo de los Nibelungos) por el brillante empleo del más conocido leimotiv por parte de Coppola en Apocalypse Now. Sí, yo también pienso en los amenazantes helicópteros acercándose a la costa.
La energía que despliega Rattle en el escenario es asombrosa. Por supuesto, es admirable por su valía intelectual, por su sensibilidad dirigiendo, pero su resistencia física también es digna de ser alabada.
Aunque he avisado en la introducción de que no soy un especialista en Wagner y que mi opinión tiene mínima importancia, no me resisto a hacer un juicio de valor. Pero no va a ser nada sorprendente: todo lo que escuché durante el concierto me hizo pensar que se trata de la mejor versión (para concierto) que uno puede presenciar en el 2012, al menos en Europa. Y me refiero a todos los elementos que componen el concierto: la dirección de Rattle, la interpretación de la orquesta y la interpretación de los cantantes, algunos de los cuales son prestigiosos especialistas en el universo wagneriano.
La de Wagner es una música tan maravillosa, tan rica, tan plena, tan poderosa, tan extraordinariamente bella, que uno tiene la sensación, en el momento en el que la escucha, de que no hay nada más sublime musicalmente hablando. No quiero decir con esto que no haya composiciones igualmente inmortales. Me refiero a esa sensación de éxtasis, de satisfacción absoluta, que uno sólo experimenta con unas pocas creaciones de la historia del arte. La sensación de que esa obra de arte, en el momento mismo en el que uno se encuentra frente a ella, tiene la capacidad de anular todo lo demás y convertirse en lo único apreciable.
Por supuesto, lo que sigue es una convención cultural, y su alcance posiblemente sólo sea occidental, pero la de Wagner y no otra parece ser la música de los Dioses. De existir tales criaturas, esa sería su banda sonora.
Para quien quiera entender el funcionamiento de los leitmotiv no es aconsejable comenzar con Wagner, es mejor tomar ejemplos de la música para cine (dado que, evidentemente, bebe de los hallazgos del compositor alemán), pero Las Valquirias sí es la obra que mejor permite apreciar su uso. El popular leimotiv de las valquirias es el más claro, precisamente por lo bien que se reconoce, pero en una escucha atenta uno percibe fácilmente la repetición de diversos motivos melódicos durante toda la obra.
Si las guerras, la xenofobia, la intolerancia…, se sitúan en el extremo más negativo de la historia de la humanidad, no es nada aventurado afirmar que la música de Wagner forma parte del otro extremo, el de los más grandes logros de la mente humana.
Escuchando las orquestaciones de Wagner, es fácil comprender que, desde finales del siglo XIX, pero especialmente a partir del XX, hubiera una reacción en contra de sus grandiosas texturas orquestales. Sencillamente, en cuestión de volumen de sonido, de capacidad absoluta de una orquesta filarmónica, era muy complicado ir más allá, de modo que hasta los más talentosos compositores, de Stravinsky en adelante, hubieran quedado irremediablemente eclipsados de haber seguido ese mismo camino estético. Por eso la evolución fue, ante todo, una cuestión de búsqueda harmónica y tímbrica.
El inicio del tercer acto, con el leitmotiv de las valquirias, es la experiencia más impresionante y memorable que he tenido en toda mi vida, musicalmente hablando.
En cambio, los últimos cinco minutos de ese mismo tercer acto, con las seis harpas tocando, y la conclusión en continuo descrecendo hasta acabar en un casi imperceptible pianissimo, son los más bellos que recuerdo haber escuchado en un auditorio. Creo que recordaré, mientras conserve la memoria, los segundos de silencio transcurridos desde la última nota hasta la reacción del público. Hasta que Simon Rattle no dejó reposando la batuta, no se oyó el primer aplauso, ni siquiera un conato de aplauso. En esos instantes se percibió qué quiere decir que el silencio forma parte de la música.
En ocasiones, formar parte de una orquesta es complicado. En el segundo acto, uno de los percusionistas sólo intervino una vez, y fue para golpear una única vez los platillos. ¿Soy el único que piensa en Hithcock? De hecho, ser percusionista en esta obra sólo es gratificante en el tercer acto, el resto del tiempo es una larga espera hasta las escasas intervenciones.
Aún no tratándose estrictamente de música escénica, pues presencié la versión de concierto, no la ópera, sí hubo dramaturgia. Mínima, desde luego, pero también muy cuidada. Los cantantes seguían siendo personajes, de modo que salían y entraban en escena, realizaban gestos y expresiones, se acercaban y alejaban unos de otros, se sentaban o levantaban, miraban hacia el público o le daban la espalda… Incluso hubo un momento en el que uno de ellos, junto con dos trompas, interpretó un pasaje desde otra parte del auditorio.
Si para nuestros hiper-estimulados oídos contemporáneos esta sigue siendo música impresionante, es fácil imaginar el impacto que debió causar entre los afortunados oyentes del estreno, en 1870, cuando no habían escuchado nada igual.
Como corolario de lo anterior, es comprensible que, durante décadas, los melómanos alemanes creyesen firmemente en la supremacía de la música germana. Hasta cierto punto, es humano pensarlo al salir de un auditorio en el que ha sonado Las Valquirias. Otra cosa es que este tipo de pensamientos se generalizaran y sirvieran como justificación de horrores varios.
Obviedad final: escuchar una orquesta como esta en directo supera cualquier grabación.
Otras impresiones no estrictamente musicales:
Sólo ver el auditorio por dentro, obra de Hans Scharoun, es ya asombroso. Casi justifica el precio de la entrada. Yo me quedé varios minutos maravillado ante ese enorme espectáculo arquitectónico.
Escuchar a la orquesta en la parte de atrás ―qué remedio, cuestión de presupuesto― no es lo mejor desde un punto de vista acústico, pero aún así el sonido que llega impresiona.
En la fila de delante, un espectador vivió su propio drama wagneriano. Durante el segundo acto, supongo que por falta de pañuelo, tuvo que sorberse los mocos a una frecuencia de unos dos sorbos por minuto. Aprovechaba los momentos de forte para disimularlo, pero son pocos en el segundo acto. Lo divertido era comprobar cómo el espectador de su derecha le lanzaba periódicamente severas miradas de reprobación. Miradas que, una vez terminado el acto, convirtió en una reprimenda que culminó, airado, imitando sus sorbos. Cuando comenzó el tercer acto, no había rastro del resfriado espectador.
Durante el segundo intermedio, escuché a un espectador de mi derecha decirle a otro que había estado a punto de irse, que no sabía que hubiese una tercera parte. Sólo pensó en volver a la sala cuando vio que buena parte de los asistentes se quedaban comiendo y bebiendo en el hall. Consejo: si vas a pagar por un concierto de este tipo, asegúrate que conoces bien la obra o, al menos, que sabes de cuántos actos de compone. Y es que la sala estaba visiblemente menos llena durante el tercer acto: problemas de la convención del concierto en dos partes.
Aunque durante varios pasajes sentí un vigor que no sabía que poseía, en ningún momento me entraron ganas de invadir Polonia. [Prometo limitar mis plagios de Woody Allen en adelante].
Cuando me refiero a que la música de Wagner lo llena todo y que anula el resto, incluyo las ganas de mear. De pronto, uno se olvida de ellas y sólo reaparecen una vez terminado el concierto. Aún así, recomiendo pasar por el servicio durante al menos uno de los intermedios, que la vejiga puede ser muy insistente.
Aunque para disfrutar del concierto íntegro hubo que estar en el auditorio de 17:00 a 21:45, es decir, pasar casi cinco horas con Wagner, lo hubiera escuchado entero de nuevo. Hasta creo que lo habría disfrutado más, pues la primera escucha hubiera sido más emocional, la segunda más analítica. El tiempo parece detenerse ante manifestaciones artísticas de tal altura.
Las Valquirias narra el amor entre Siegmund y Sieglinde, hermanos gemelos. Curioso el éxito de las historias incestuosas, de Edipo Rex a los Serrano, pasando por Bertolucci (y me refiero tanto a Dreamers como a Prima della rivoluzione).
Vine a Berlín adrede para escuchar a la Filarmónica, pero el viaje merece la pena también por la ciudad. Nada que no sepan quienes la han visitado o que sospechen quienes han visto las imágenes. Sólo los alrededores del auditorio ya son una maravilla.
Créditos:
Berliner Philharmoniker
Sir Simon Rattle: dirección.
Eva-Maria Westbroek: soprano (Sieglinde).
Christian Elsner: tenor (Siegmund)
Evelyn Herlitzius: soprano (Brünnhilde)
Lilli Paasikivi: mezzo-soprano (Fricka)
Terje Stensvold: bajo (Wotan)
Heike Grötzinger: mezzo-soprano (Siegrune)
Mikhail Petrenko: bajo (Hunding)
Joanna Porackova: soprano (Gerhilde)
Julianne Young: mezzo-soprano (Waltraute)
Andrea Baker: mezzo-soprano (Schwertleite)
Eva Vogel: mezzo-soprano (Grimgerde)
Anette Bod: mezzo-soprano (Rossweisse)
Anna Gabler: soprano (Ortlinde)
Susan Foster: soprano (Helmwige)
Para abrir el apetito:
Fotos de Ángela Gómez Ortega.