Mi breve reflexión tras leer esta noticia, publicada en la web de La Ser.

Son tantas las noticias malas que se acumulan que son sustituidas con celeridad unas por otras. Y sin embargo, de confirmarse esta, sería terrible. Es evidente por qué un gobierno de derechas quiere acabar con tal bachillerato, pues la creatividad es una herramienta muy peligrosa, que incita a los individuos a pensar, y esos seres pensantes tienen la mala costumbre de cuestionar más a quienes les gobiernan y, ¡oh, atrevidos!, a decidir no votarles.

Por supuesto que este mal estaba ya presente con el anterior gobierno, al que tampoco parecía interesarle demasiado una mejor educación, pero al menos ese bachillerato artístico fue uno de los grandes aciertos de su ley de educación, la LOE. Y dado que es mejor que me limite a hablar de lo que sé un poquito, es una pena que la música pueda desaparecer en el bachillerato, y probablemente perder presencia en secundaria, dado que está comprobado que quien estudia música obtiene mejores resultados académicos. Pero no sólo eso, la música está tan presente, es tan importante para nuestro desarrollo (y para eso tan intangible llamado “un rato de felicidad”), que una educación musical, aún siendo básica, se me antoja tan indispensable como saludable.

Asombra lo poco han evolucionado, en algunas cuestiones, las ideologías de derechas, que la figura del artista siga siendo tan denostada.

Hasta el artículo reproduce los tics habituales: sólo se habla de vocación en cuestiones artísticas y religiosas. Vocación divina y artística. ¿Y la vocación en física, o en matemáticas? Y luego, por supuesto, no podía faltar a la fiesta la palabra “talento” que, de nuevo, se aplica sistemáticamente al arte, como si un buen pianista, o un gran escritor, dependiese exclusivamente del talento, no de pasar muchas horas sentado frente a las teclas o a la página en blanco. ¿Dónde está el talento del biólogo o del geólogo?

Yo no tuve la oportunidad de estudiar un bachillerato de artes, tuve que compaginar conservatorio con el instituto, y dado que mi mente es limitada, lo pagué, de modo que mis resultados cayeron alarmantemente en el instituto (aunque sí, para eso hubo más razones). Pues bien, no sólo quiero que los que nacieron después de mí sí tengan la oportunidad de convalidar las materias del conservatorio para su bachillerato. Es que, además, si ese bachillerato desaparece, serán muchos los adolescentes artísticos que decidan no cursar el bachillerato.

De cumplirse esta noticia, España lo lamentará, los resultados se notarán pronto, y serán malos.

Escrito por Santiago Tadeo Cervera.